Premio mayor

Iroel Sánchez

Adriana Pérez

Adriana Pérez

Quince años es mucho tiempo, sobre todo para quien los ha pasado en la cárcel, pero quizás   pasen más despacio si esa es la menor parte de una condena que incluye dos cadenas perpetuas.

Saberse condenado a permanecer en prisión de por vida generalmente es motivo para estar amargado y lo es más si el sancionado se sabe inocente y la condena que sufre es resultado  de un proceso calificado de injusto por órganos de Naciones Unidas, parlamentos de múltiples naciones, Comités de apelaciones, más de una decena de Premios Nobel, Jefes de Estado y relevantes intelectuales de muchos países. Pero fue sólo alegría, estímulo y afecto hacia los demás lo que percibí en mi conversación con el héroe cubano Gerardo Hernández, prisionero de por vida por un delito que fabricó el gobierno de Estados Unidos a través del pago a periodistas de Miami para crear el ambiente de histeria que presionó a un jurado nada imparcial en la ciudad que muchos juzgan la menos neutral del mundo para hablar de Cuba.

Tras entrar al salón donde sesionaba la XXI Convención de Solidaridad con Cuba en Brasil Adriana Pérez, la esposa de Gerardo me preguntó “¿No te vas a mover de aquí? Gerado llamó para hablar contigo”, y no había pasado el tiempo necesario para recuperarme de la sorpresa cuando el móvil de Adriana volvió a sonar y ella me lo extendió diciendo: “Es Gerardo”.

De ahí en adelante llovieron sus preguntas, bromas, y alusiones a textos de La pupila insomne que él ha leído en resúmenes que le envían. Todo alegría y  agudeza, la queja – esa “prostitución del carácter” de la que habló Martí en su artículo sobre el General Grant- no tiene espacio en él. Al tanto hasta de la presencia de su compañero René González -el primero de Los Cinco en regresar a Cuba- en el Congreso de los estudiantes universitarios cubanos que transcurre esta semana, Gerardo te pregunta por tu familia, tus hijos y no te deja espacio para prepocuparte por él. “¿Ya hablaste con René”, me dijo y yo le contesté que lo vi pero -como me pasa ahora- fue él el que habló conmigo porque me cuesta trabajo hilvanar oraciones cuando gente extraordinaria como ellos te tratan como si te conocieran de toda la vida.

“Veo que al enemigo le duele lo que haces por como te atacan”, creo recordar que me dijo Gerardo y yo le contesté irónicamente que ese es un gran estímulo pero ahora, ironía a un lado, reflexiono que esta conversación con él es el mayor premio que ha recibido La pupila insomne desde que hace casi tres años nació en la web.

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