Religión y Revolución Cubana (#Cuba #Miami #CLAI #DDHH #ONU #Ginebra)

jmJ. M . DEL RÍO

Acabo de leer una entrevista[1] que hizo el periodista Luís Báez en 1993 al también periodista Juan Emilio Fríguls, quién a lo largo de su generosa vida se mantuvo firme a su fe católica, a su profesión periodística y  a sus convicciones revolucionarias. Báez lo sintetiza de la forma siguiente: “Juan Emilio Fríguls es un hombre que expresa lo que piensa. Jamás ha ocultado su fe católica y sus simpatías por la Revolución”. Falleció en La Habana, el 8 de agosto de 2007, a la edad de ochenta y ocho años.

Nos estamos refiriendo a un hombre que provenía de una familia de la clase media elevada, que a la pregunta de por qué no se había ido de Cuba respondió: «No había ninguna razón desde el punto de vista político o social para que me fuera del país. Nunca pensé irme. Mi sentido de la cubanidad me hizo quedarme (…) Déjame explicarte que como se ha enriquecido y fortalecido la decisión de quedarme en mi patria fue comprobando que, pese a errores propios de la fragilidad humana, de los obstáculos y de las campañas anticubanas, el proyecto social de la Revolución se está cumpliendo» y cuando Báez quiso saber que lo llevaba a hacer esa afirmación, afirmó sin titubeos: «La Revolución no solo ha multiplicado los panes y los peces, sino también la dignidad, el amor y las sonrisas. Dio un camino al peregrino, comida al hambriento, ayuda al desvalido, cura al enfermo, luz al analfabeto. Dio al hombre lo que es del hombre, por Dios y para el hombre. La Revolución hace realidad cada día los principios cristianos, y es de esta mística que se nutre y fortalece el manantial de mi fe de creyente, porque ella hace vigente el Evangelio»

Este católico revolucionario o revolucionario católico o mejor, como el mismo prefería decir: « (…) Me considero Juan Emilio Fríguls, que tiene creencias religiosas y que se siente cubano… y también revolucionario”», fue un ferviente admirador de los Evangelios. Afirmaba que la frase de Mateo: “El que no reconoce ni acepta al pobre no esta reconociendo  y está ofendiendo a Dios”, fue dicha siglos antes de que Fidel Castro hiciera su Revolución”.

Leyendo esas aserciones no puede uno sino quitarse el sombrero y rendir pleitesía a este hombre de pueblo, que supo mantener sus convicciones como creyente y como revolucionario hasta los últimos minutos de su vida, a pesar de las contrariedades que tuvo que enfrentar de uno y otro lado. Los revolucionarios creyentes y no creyentes, los que no lo son, y ciertos hombres de iglesia, así como todos aquellos que ─ como le dijo Fríguls a su colega Báez  ─ “(…) en otros tiempos, también ahora, van y comulgan, se dan golpes de pecho, pero no representan nada. Son personas que, como dice el Evangelio, están a miles de millas de lo que es la cristiandad”, debían aprender con lo que este católico por convicción y revolucionario por decisión nos enseñó durante su vida paradigmática.

Decidí escribir estas notas, porque antes de leer el libro de Báez  me habían comentado en el barrio sobre las andanzas de un sacerdote que al parecer no las tiene todas con su propia iglesia, que incluso critica abiertamente y sin comedimientos a sus superiores que asumen una posición de intercambios respetuosos con el Gobierno Revolucionario. Se trata del hasta ahora párroco José Conrado Rodríguez cuya actuación encaja perfectamente en  lo expresado por Fríguls que reflejamos en el párrafo anterior, quién  anda por los EE.UU. a título personal, de “turista opositor”, promoviendo “la democracia” en Cuba, lo que según sus insólitas y algo torcidas opiniones se lograría reinstalando el capitalismo en Cuba y divulgando en Miami una carta colmada de falsedades y manipulaciones, que bien pudo haberla entregado personalmente a las autoridades a las que está dirigida, si su intención no fuera lo malintencionada que es.

Con todo el respeto para los hombres de iglesias que actúan movidos por la fe y por sus convicciones religiosas en favor de sus feligreses, no puedo dejar de decir que  este señor con su actuación está “a miles de millas de lo que es la cristiandad”. Es además uno de los que considera que “la época de oro de la iglesia en Cuba fueron los años 50”, es decir el periodo en que la dictadura criminal, encabezada por el General Batista, se enseñoreaba en Cuba y continuamente aparecían asesinados en calles y parajes de nuestro país, decenas de jóvenes, creyentes y no creyentes, cuyo único delito era luchar por un mundo mejor.


[1] Todas las citas referidas a Juan Emilio Fríguls fueron tomadas del libro “Amigos que ya no están II”, del periodista Luís Báez, Ediciones Abril, 2013.

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