Hasta Hemingway los hace sufrir. (#cuba #miami #venezuela #snowden)

Nicolás Pérez Delgado Julio debía ser mes de mucha conmemoración en Miami, pero como la historia no obvió uno de sus días, por ser muy especial éste, el 26, que se conmemora mañana, a los miamenses de la ultra el mes los enferma. Los hace sentir derrotados, lo poco que han sido. Los Estados Unidos si festejaa todo tren el 4 de Julio, Día de la Independencia, y en la memoria literaria mucho que se  conserva el 2 y el 21. Sin embargo, los miamenses, de conocerlas,no soportarían las dos últimas fechas, pues tienen que ver con un famoso yanqui de barba blancaque una vez se retrató junto a un joven también barbudo y en traje verdeolivo.

Un día 21 de julio de 1899 nació en Oak Park, Chicago, Ernest Hemingway, gloria para la literatura norteamericana y mundial. Moriría el 2 de julio de 1961. Estaba muy enfermo, se trataba en la famosa Clínica Mayo y sentía que ya no podía escribir. Con una escopeta calibre 12 se vuela la cabeza en el Estado de Idaho, pero su residencia con sus trofeos, libros, perros y gatos radicaba en un barrio de las afueras de La Habana, en Finca Vigía, donde la revolución crearía el Museo Hemingway.

Y en estos días por La Habana anduvo un grupo de siete fornidos y alegres estadounidensesque en su país habían ganado un concurso por su singular semejanza con el escritor. Participaban en el 14 Coloquio Internacional dedicado al autor del Viejo y el Mar, libro con el ambiente de los pescadores de Cojimar por el que Hemingway recibe el Premio Pulitzer, y al año siguiente, en 1954,recibe la Medalla de Oro del Nobel de Literatura por la totalidad de su obra, medalla que donó alos cubanos y reposa en la Ermita de la Caridad del Cobre.

Pero ni aun así los ultras miamense lo quieren. Ni por la Virgen. Y es que la ultra miamense también es medalla de oro, pero en reacción política.Hemingway nunca fue comunista y vivió como un aventurero señor capitalista, pero era honesto, humanitario y valiente. A veces criticó y a veces exaltó la lucha de oficiales soviéticos y bravos comunistas españoles cuando la Guerra Civil en “Por quién doblan las campanas,” excelente novela de la que Fidel dijo que lo ilustró en guerra de guerrilla. Que Fidel lo elogie ya es pecado.Y Hemingway era un hombre libre,tanto en su literatura (creo un estilo nuevo) como en la vida real.

En España fue amigo de militares soviéticos. En Cuba compartió en algún momento con el poeta Nicolás Guillén y otros militantes marxistas.Y el FBI, de oficio, le abrió expediente. Lo respetaban, pero lo vigilaban y al final no encontraron nada.

Pero Miami no perdona. No cree que un hombre pueda ser destruido, pero no vencido. Y Hemingway, en España, de corresponsal, se metía en las trincheras y combatió incluso accionando ametralladoras pesadas. En la Segunda Guerra Mundial, también corresponsal, voló con los pilotos norteamericanos que bombardeaban Alemania, y en Francia, periodismo aparte, comandó un grupo guerrillero que entró a París antes que las tropas del general Leclerc.Nada que ver con la mayoría de estos periodistas que nos gastamos por acá.

En La Habana, con ayuda de la Misión Militar Norteamericana, artilló su yate de pesca donde con otros siete locos se dedicó durante meses a cazar submarinos alemanes en la costa norte de Cuba, aguas donde fue abatido un U-176 a la altura de Matanzas. Sin embargo, el alférez de fragata héroe de la acción cuenta en el enjundioso libro “Hemingway en la Habana”, del escritor Norberto Fuentes,que de inmediato lo llamaron a la jefatura de la Marina de Guerra y los jefes lo increparon: “Qué coño tú has hecho, chico”.

El alférez cayó en desgracia. No sabía que Fulgencio Batista, en ese momento presidente constitucional y gran aliado de los Estados Unidos,vendía petróleo y suministros de boca a los submarinos de Adolfo Hitler que merodeaban el Caribe y la costa atlántica. Uno de esos submarinos hundió un mercante donde muere toda la tripulación, entre ellos un marino muy amigo del padre de este cronista, quien me había bautizado en una iglesia de La Habana.

No es secreto histórico que la derrota de Hitler se debió fundamentalmente a la contraofensiva de las tropas soviéticas. Y en una carta de los archivos del museo de Finca Vigía dada a conocer en “Hemingway en Cuba”, el escritor dice al también excelente novelista soviético KonstantinSimonov, autor de “Nadie es soldado al nacer”, que abrigó la esperanza de combatir junto a las tropas de su país y ver lo bien que peleaban, pero que le resultaba imposible por no saber ruso.

Esto es demasiadopara Miami. Republicano en la Guerra Civil Española. Antifacista a raja y tabla. Nada de desprecio a los soldados rojos de la Segunda Guerra Mundial. Vigilado por comunista durante el macartismo. Invita a su yate a un poeta negro y comunista y, sobre todo, en 1959 no pone en Finca Vigía un letrero diciendo “Se vende”, y junto a la oligarquía criolla abandona el país y desde New York o París ataca a la revolución.

La tapa al pomo se la debió poner lo que dijo a la prensa el 5 de diciembre de 1959 en el aeropuerto José Martí. El primero de enero lo había sorprendido fuera de Cuba y regresaba de los Estados Unidos acompañado del torero español Antonio Ordoñez. Y declaró: “Me siento muy feliz de estar nuevamente aquí, porque me considero un cubano más (…) No he creído ninguna de las informaciones que se publican contra Cuba en el exterior. Simpatizo con el gobierno cubano y con todas nuestras dificultades. No quiero que me consideren un yankee.”

Y el yankee que nació en el estado de Illinois, pero que no era enemigo y que acaba de decir nuestras dificultades,”o sea, las que los Estados Unidos ya creaba al pueblo revolucionario cubano,recibió momentos después delos jubilosos vecinos de San Francisco de Paula, que de nuevo lo tenían en casa, en Finca Vigía, una bandera cubana que él besó, acto que la prensa pidió que repitiera para una foto, y él, medio encabronado, se negó. Dijo que eso había sido de corazón.

¡Pobre ultra miamense. Hasta Hemingway los hace sufrir.!

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