Eusebio Leal y el Capitolio. (#cuba #miami #quesesepa #cnn)

Los edificios no son culpables de lo que ocurre en ellos. Si no, habría que empezar por demolerlo todo, porque seríamos incompatibles con los fantasmas que en cada momento brotan del pasado. Y no se puede luchar permanentemente contra los fantasmas.

Hay un momento en que se hace un punto final y se comienza la historia», declaró el doctor Eusebio Leal, Historiador de la Ciudad, al periódico habanero Juventud Rebelde, con motivo de las obras de restauración del Capitolio, edificación que volverá a acoger al Parlamento de la nación.

Esas labores comenzaron hace dos años y demoraran aún tres años más. Es decir, cinco años en total, «un tiempo similar al que se empleó en la construcción» del edificio, dijo Leal que declinó, sin embargo,  precisar el costo aproximado del proyecto porque, aclaró, «estamos consolidando el presupuesto de cada sección por separado».

Ante la pregunta si el financiamiento corría únicamente a cuenta de la Oficina del Historiador, Leal respondió, enfático, que es la nación la que hace las obras. «Nosotros somos los fieles ejecutores de una voluntad política y de una determinación nacional en cuanto a la preservación de la memoria histórica de Cuba, no solamente en el Capitolio, sino en todos los monumentos, inmuebles y sitios patrimoniales», dijo y recordó que durante la VIII Legislatura de la Asamblea Nacional el Presidente Raúl Castro comentó con los diputados que «un día habría que regresar al Capitolio».

Dice, al respecto, el Historiador de la Ciudad: «Se están restaurando salones y hemiciclos que serán utilizados en funciones parlamentarias, aunque en la actualidad el parlamento nuestro es mucho mayor, y lógicamente las capacidades de las salas no lo permiten de la misma forma que antes. Pero se podrán usar en múltiples funciones protocolares y también en reuniones que pueden realizarse a distintas escalas».

La voluntad del mandatario es la restauración de una edificación que es monumento nacional y un ícono en la historia y la arquitectura de la ciudad. Se inauguró en 1929, aunque la construcción no se terminó hasta dos años después. Desde entonces ha sufrido las condiciones del clima tropical de la Isla y la falta de mantenimiento, o mantenimientos inadecuados, acrecentaron los daños.

El deterioro aumentó con los diversos usos dados al edificio  pues al extinguirse las funciones de la Cámara de Representantes y del Senado de la República, que allí radicaban, el Capitolio fue sede de un museo de ciencias naturales y de las dependencias de la Academia de Ciencias, primero, y luego del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, lo que obligó a grandes adaptaciones espaciales. El cambio de uso de un edificio, creado con una determinada función, modifica, aunque no se quiera, el ambiente interior.  Para complicar las cosas, se dispersó buena parte del mobiliario original.

La restauración debía incluir  la cúpula, dañada por la salinidad del mar, nortes y huracanes. También los bajantes pluviales que prácticamente dejaron de funcionar por tupiciones en las azoteas, con las filtraciones que son de imaginar. Se imponía restablecer el sistema de pararrayos,  retirar de las azoteas partes de ascensores desmontados y que no se retiraron en su momento y resolver los problemas estructurales de la escalinata.

Advierte Eusebio Leal que la restauración del Capitolio es muy complicada. Trabajar en el Capitolio no es igual que hacerlo en cualquier otra obra. Allí se empleó la piedra de Capellanía, casi blanca, preciosa, pero muy susceptible al clima cubano. Se limpia esa piedra sin la utilización de abrasivos, sino mediante el uso de productos orgánicos. Se creó un sistema de bajas frecuencias para ahuyentar los murciélagos, sin dañarlos. Los andamios, hasta la aguja de la cúpula, dan seguridad a los restauradores. Hay un comité técnico que estudia las partes estructurales y  analiza semana a semana, sobre el terreno, cada aspecto de la obra, tratando que el trabajo sea cada vez más cuidadoso y lo más rápido posible.

El objetivo es devolver a este edificio el esplendor de sus primeros años. En la construcción del Capitolio se emplearon los más preciosos materiales de Cuba y del mundo y se convirtió, dice el Historiador de la Ciudad, en un símbolo de la República ideal. Restaurarlo es restaurar una memoria.

Precisa Eusebio Leal: «Muchos se preguntarán su esto es necesario, si es primero el pan o la historia. Pero la realidad objetiva es que lo uno es tan importante como lo otro. Sin ese pan de espíritu, sin esas raíces, nada seríamos».

Habló para Radio Miami, desde La Habana, Ciro Bianchi Ross.

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