Entrevista exclusiva con #René González Sehwerert. (#Cuba, #Miami, #Madrid)

Buscar un lenguaje, un símbolo que tuviera valor para el pueblo de EEUU y que también se insertara en el pueblo cubano, ese es su objetivo. Así surgió de un recuerdo de su infancia temprana y proveniente de la cultura norteamericana la idea de la cinta amarilla, que también tiene un valor para nuestro pueblo pues se vincula a la Virgen de La Caridad. Así comentó René González a Progreso Semanal, precisando que la idea lo despertó cuando dormía: “las cintas amarillas”, exclamó y su mujer creyó que se había vuelto loco.

De la idea del cómo a la materialización, el antiterrorista cubano responde a las cámaras y micrófonos nuestras sobre distintos temas y vivencias en un escenario inigualable: La Habana colonial. Del Templete al Palacio de los Capitanes Generales, conversa y es interrumpido por cubanos de a pie que le abrazan y besan, actitudes que le confirman que hay que apelar a la espontaneidad de los cubanos, que cada quien invente la manera de solidarizarse con la causa de los que aún están presos. Es un llamado a la a la creatividad de las personas. Así hasta llegar al punto de cómo ve la posible solución de sus cuatro compañeros que guardan prisión. Progreso Semanal muestra a sus lectores la filmación de la breve entrevista con el sonido ambiente de las locaciones abiertas así como la transcripción de la misma.

Milena Recio (MR): ¿De dónde salió esa iluminación que tuviste con la cinta?

René González (RG): Bueno, no sé si iluminación es la palabra porque yo no soy creyente. Yo creo que uno tiene experiencias y a veces se van sumando cosas que te pasan por allí, te pasan por allá y confluyen en una idea. En realidad esto de la cinta es curioso. Yo no hablaba inglés todavía, tenía 15 años y un día estaba escuchando en una de esas estaciones que se cuelan de Estados Unidos una canción. Yo no entendía lo que decía la canción pero mi mamá, que sí hablaba inglés, entra al cuarto y me oye escuchándola y me dice: “¡Oye, qué canción más linda!” y me hace la historia de la canción. Estamos hablando de hace cuarenta y dos años, una cosa así. Y, bueno, después pasó lo que pasó, la vida transcurre y uno termina en Estados Unidos en las circunstancias que se conocen. Y, claro, ya empecé ahí a descubrir, como parte de la cultura americana, el significado que había ido adquiriendo la cinta amarilla para el norteamericano medio. Y es otra vivencia que se queda ahí. Al final se produce mi regreso y yo siempre digo que lo que me inspiró a mi no fue tanto el pasado como el presente. Porque tú llegas a Cuba y vas observando las reacciones de la gente y el cariño de la gente, sobre todo la capacidad que tiene la gente para manifestarlo de tantas formas. Vas al Palacio de la Rumba y lo manifiestan rumbeando, te encuentras una católica que hizo una promesa y se quita los zapatos antes de darte un beso, la señora que viene y te dice que beses la cruz. O sea, encuentras tantas manifestaciones. Vas al Parque de la Prehistoria y te encuentras una guajira en el medio del monte que hizo un rincón de los Cinco para que los turistas lo vieran. Y uno empieza a tratar de generar. ¿Cómo hacemos para que esto se manifieste hacia el pueblo norteamericano? ¿Cómo hacemos para que se vea que el cubano de a pie, el cubano común, siente a los Cinco como si fueran la familia? Y uno empieza a tratar de encontrar un lenguaje para que se pueda hacer. En realidad yo estaba dándole vueltas a la idea en la cabeza pero no encontraba el lenguaje y se produce lo que tú llamas una iluminación. Un día estoy durmiendo y en medio de la noche doy un brinco en la cama y le digo a Olguita: “¡Las cintas amarillas!”. Y Olguita me miró como diciendo: “Se volvió loco”. Y entonces le conté la historia de la canción y las cintas amarillas y a partir de ahí surgió esta iniciativa. Esto tiene muchas cosas bonitas. Lo primero es que es una forma sencilla, al alcance de cualquiera, en que la gente manifieste lo que siente. Lo otro es que apela a la espontaneidad de la gente, apela a una cosa que a veces se nos pierde que es que la gente sea espontánea, que la gente lo haga como quiera, que se la ponga en el bolsillo, aquí, allá, en la bicicleta, en el manubrio y el que no quiera que no se la ponga, sencillamente. Porque nosotros confiamos en que suficiente gente lo quiere y lo va a hacer y va a hacer el esfuerzo para conseguirse la cinta, ya nos han llegado reacciones del que estaba picando un pulovito viejo. O sea la gente está buscando la forma de tener algo amarillo. El otro día tuvimos una reunión con los compañeros de un lugar que no voy a determinar porque hay una sorpresa envuelta ahí y una compañera preguntó que dónde podíamos conseguir la cinta y otra dijo: “¡Con bijol! ¡Cogemos una sábana y la teñimos!”. Y lo otro que tiene de bonito es lo cultural, que establece un puente cultural entre el cubano y el norteamericano que es muy interesante y es un puente que, insisto, la gente lo va alimentando, porque no es un problema de uno, no soy yo, yo no soy un iluminado, es la gente la que tiene esa multiplicidad de capacidad de expresarse. Y, bueno, da la coincidencia de que la Caridad del Cobre, que es nuestra Patrona, también usa el color amarillo, entonces también se da un puente cultural ahí con el pueblo norteamericano. Hace poco viene un compañero y me dice: “Yo quiero hacerle anillas de tabaco a las palmas”. ¡Fíjate tú qué idea más interesante esa! Y entonces empieza a elaborarme toda la historia de las anillas del tabaco, de lo que representa para nosotros la anilla del tabaco en relación a la historia en el sentido de que la orden de alzamiento de la Independencia vino dentro de un tabaco. Y el tipo empieza a elaborar: “Podemos hacer anillas amarillas que sean lazos y entonces en la otra parte del lazo la obra de arte esa que tanto representa para el cubano”. Y eso es lo que estamos buscando, que la gente lo haga como quiera, que se exprese, la gente empieza a generar y a imaginarse cosas y uno nunca sabe cuál es el límite de la imaginación sobre todo colectiva. Me alegro mucho de que la idea haya prendido así. Nunca lo dudé, de nuevo te digo que yo salgo a la calle y veo el cariño de la gente, uno sabe que la gente nos quiere, cosa que también es normal porque cualquier país, cualquier pueblo quiere a quienes lo están defendiendo. La única diferencia es que los cubanos tienen un espíritu solidario que se ha ido solidificando con los años, que es parte de nuestra idiosincrasia, después el mismo hecho revolucionario lo amplificó, lo amplificaron las misiones, se amplifica todavía cuando nuestros médicos salen fuera y ese espíritu se manifiesta con más facilidad. Y aquí está la idea lanzada.

Manuel Alberto Ramy (MAR): Sobre eso de las palmas que tú decías René, las palmas y las cintas amarillas, decía Martí que las palmas son novias que esperan. Y hay novias esperando.

RG: ¡Ahí tienes un ejemplo de cómo se amplifican las ideas!

MAR: Son novias que están esperando. Hay cuatro.

RG: Ellos van a anillar cinco palmas en Cárdenas y ya estoy dando la noticia, me estoy tomando el atrevimiento, y diez palmas en Matanzas. Los compañeros decidieron hacerlo allá por la significación que tiene Cárdenas, por la primacía que ha tenido, la bandera cubana y tantas cosas de la cultura. Creo que va a ser un hecho bonito. Pero va a ser todo bonito. El hecho de que el pueblo se vuelque a esto y lo haga a su manera va a ser bonito. Y a eso es a lo que aspiramos, a que se produzca un fenómeno único, que haga la noticia que hace falta para que se hable del caso en los Estados Unidos, para que el americano se conecte con una noticia que se escamoteó.

MAR: ¿Tienes noticia de qué impacto puede estar comenzando a tener toda esta campaña de la cinta amarilla allá en los Estados Unidos?

RG: Sabemos que los compañeros de la Solidaridad, que siempre nos han apoyado, la van a usar, va a haber una vigilia frente a la Casa Blanca, están movilizando. Pero más que todo me alegra el que hace poco me llegó un correo de una joven, que parece que se fue de Cuba por razones económicas o familiares, las que sean, que vive precisamente en Miami, le escribe a un amigo diciéndole que ella está consiguiéndose su cinta, sin que nadie la convoque, sin pertenecer a nada, ella y varias amigas, creo que vive en Naples, no en Miami. O sea, que hay personas que, por su propia iniciativa, que en definitiva fue lo que le pedimos a los cubanos, ya están empezando a adoptar ese gesto en un lugar en el que también es un poco hasta peligroso. O sea, que el gesto ha prendido porque es una forma hermosa de transmitir un mensaje, un mensaje multitudinario, de todo un pueblo.

MR: ¿Tienes noticias de cómo tus hermanos han tomado la campaña, qué están haciendo, qué han visto?

RG: Ellos están contentos, sobre todo porque la campaña se ha salido un poco de la rigidez. A veces caemos un poco en la monotonía y hay que dejar que la gente participe más, darle la oportunidad, la gente quiere. Hoy mismo estuvimos en una reunión con todas estas asociaciones que se han creado, yo apenas las conocía cuando me fui, de automovilistas, motociclistas, y tú los ves, el entusiasmo que tienen, quieren llenar los vehículos de cintas, quieren transitar por el malecón, o sea, la gente quiere participar, a la gente nada más hay que darle la oportunidad y eso es lo que estamos haciendo. Esto es una forma sencilla, asequible, para todo el quiera organizase y nos interesa y siempre insistimos en la espontaneidad de la gente, nos interesa que esto salga de la familia. Me gustó mucho en la Mesa Redonda una compañera que salió, que elaboró también, que dijo: “Yo voy a ponerme una cinta bien grande en la cabeza porque de ahí salen las ideas. Y mis hijos la van a llevar donde ellos quieran.”. Eso es lo que me interesa, que cada persona haga lo que sienta, lo que quiera. Y al que le sobren cintas que ponga tres en el balcón y las otras las ponga en una avenida. Eso es importante.

MR: Está a punto de desatarse, parece, una guerra, otra, y habrá nuevas novias, nuevas esposas esperando y probablemente el pueblo norteamericano vuelva a sentirse en la necesidad de usar masivamente cintas amarillas. ¿Cómo ves eso?

RG: Sí, desgraciadamente parece que no va a terminar esa tradición pronto en los Estados Unidos, tanto por los soldados, que van a tener que ir otra vez al frente de batalla, como por los presos, porque hay que recordar que no somos solamente cinco, estamos hablando del país con la población carcelaria mayor del mundo y bueno desgraciadamente parece que ese símbolo va a permanecer en la cultura norteamericana con esa connotación por mucho tiempo. Ojalá que en esta ocasión se refrenen y no cometan en Siria la barbaridad que hicieron en Libia y lo que han hecho en tantos lugares. Pero creo que también el mensaje que le estamos enviando al pueblo norteamericano es que las cintas amarillas pueden emplearse para un propósito mejor y ojalá y se establezca ese puente entre los dos pueblos.

Aurelio Pedroso (AP): ¿Qué solución le ve usted al caso de los Cinco?

RG: Lo que tengo por cierto es que el caso es un caso político. Lo ha sido desde el principio, nunca ha tenido nada que ver con las leyes. Ha sido un caso en el que las leyes han sido utilizadas para justificar una venganza contra cinco hombres que representan un proyecto, que representan una idea, que representan la resistencia de un pueblo y en un momento determinado el gobierno norteamericano determinó que era el momento propicio para dejar caer sobre nosotros la venganza que se ha estado tratando de ejecutar sobre el pueblo cubano. La solución va a seguir siendo política. O sea, los jueces van a aplicar las leyes en el momento en el que el estamento político norteamericano les pida que las apliquen, de la misma forma que se han burlado de ellas porque se les ha pedido que lo hagan, así de sencillo. Las leyes han sido manipuladas, las evidencias han sido seleccionadas de acuerdo a los intereses de una convicción, los hechos han sido torcidos y vueltos a enderezar cuando ha sido conveniente. Las leyes, en manos de los jueces, han sido operadas como se utiliza la arcilla con la que se hace una jarra o un vaso. El día que el gobierno norteamericano tome la decisión de que los costos de mantenerlos presos son mayores que los beneficios políticos, le pedirá a los jueces, de la forma en la que ellos se comunican, que yo no la conozco, pero, bueno, sé que la han usado con mucha efectividad hasta ahora, que apliquen las leyes, sencillamente. Yo quisiera aspirar, quisiera a creer, que les será más fácil a ellos aplicar las leyes que lo que han estado haciendo hasta ahora. Pero, en definitiva la solución va a ser política. Y por eso nos parece tan importante la presión sobre el gobierno norteamericano, porque nos parece importante que ellos sientan que les está costando algo, que ellos sientan que no ganan nada con una venganza además, estéril, inútil, que no va a doblegar a nadie, que mis compañeros van a resistir hasta el final. Me parece importante que ellos sepan que esto les pesa y que, en el momento en que tomen la decisión política, los jueces van a hacer lo que ellos quieran.

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